sábado, 17 de noviembre de 2007

BEATIFICACIONES: NO ESTÁN TODOS LOS QUE SON

El Papa Benedicto XVI, proclamó el pasado 28 de octubre como beatos y como "mártires para la misericordia, la reconciliación y la convivencia pacífica" a 498 laicos, religiosas, religiosos y sacerdotes, que fueron asesinados en España en 1934, y entre 1936 y 1939. En su discurso, el Papa recordó a los fieles congregados en la Plaza de San Pedro que "la lección de los mártires es la reconciliación". Evidentemente, la Iglesia Católica está en su perfecto derecho de elevar a los altares a quienes estime oportuno, y no seré yo quien ponga en duda los méritos y virtudes de una sola de esas 498 personas. Pero dicho lo anterior, sí puedo y quiero hacer una reflexión sobre el cómo y el porqué de estas beatificaciones. La Iglesia lleva muchos años, desde el pontificado de Juan Pablo II, beatificando a personas que perdieron la vida durante la Guerra Civil Española. Personas que, en la mayoría de los casos, fueron asesinadas sin juicio por el mero hecho de pertenecer al clero y a las diferentes órdenes religiosas. Pero tanto Wojtyla como Ratzinger se olvidan sistemáticamente de una parte de la historia y de sus protagonistas.
Han sido muchas las voces que se han levantado para reivindicar a los sacerdotes vascos fusilados por las tropas golpistas, acusados de cercanía al Partido Nacionalista Vasco. La respuesta que se da a eso es que, como no fueron asesinados por su fe, sino por sus ideas políticas, no merecen ser mártires. Con ello, las autoridades eclesiásticas presuponen la ideología de esos sacerdotes, y aceptan de buen grado el argumento empleado por quienes les arrebataron la vida. No son mártires ni dignos de ser beatos. También habría que recordar a todas aquellas personas que, declarándose católicos y demostrando un comportamiento acorde con los más altos valores de su fe, fueron igualmente ajusticiados entre 1936 y 1975 por los militares sublevados y el posterior régimen impuesto por el General Franco por las más diversas razones. Cientos de personas, quizás miles; hombres y mujeres asesinados en el maremágnum de la Guerra Civil y de la posguerra.
Entre ellos quiero destacar a todos los masones que fueron asesinados en España durante esa guerra (que la Iglesia Católica española apoyó como "cruzada" durante décadas), o los que cayeron después de la misma. Para muchos de ellos su fe y su filiación masónica no entraban en contradicción. Como afirma José A. Ferrer Benimeli, S.J. (La Masonería. Alianza Ed., Madrid, 2001, pág. 127), "(...) salvo muy raras excepciones, casi todos los masones que no pudieron huir de la llamada zona nacional fueron asesinados o fusilados. El mero hecho de ser masón, durante la guerra civil, fue considerado "delito de lesa patria". El mero hecho de ser masón fue suficiente para que cientos de personas fueran, sin más, pasadas por las armas sin juicio previo". La posterior Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo perpeutó hasta la muerte del dictador las penas de cárcel, destierro o inhabilitación para todos aquellos que fueran o hubiesen sido masones. Evidentemente, nunca les veremos elevados a la categoría de mártires, beatos, santos o simplemente dignificados: no estaban donde debían, no "murieron por su fe".
Seleccionar y destacar a los muertos en un bando de todo un pueblo en conflicto, en fechas tan significativas como 1934, olvidando a la otra mitad o negándoles el mismo trato que a los elegidos, nunca puede ayudar a la reconciliación y la convivencia pacífica, y en modo alguno constituye un acto que demuestre misericordia. Ni siquiera 68 años después. Quizás sea bueno recordar estas palabras de un tal Pablo de Tarso:
"Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe. Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada. Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada. El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasará jamás." (1ª Carta a los Corintios, 13: 1-8).
El que tenga oídos para oír, que oiga.

jueves, 25 de octubre de 2007

DESCUBRIENDO LA PAZ Y EL DIÁLOGO...

El pasado viernes 12 de octubre, ciento treinta y ocho (¡¡138!!) sabios musulmanes escribieron una carta al Papa Benedicto XVI (antes Joseph Ratzinger). En ella le decían que de la paz entre ambas religiones, basada en la mutua comprensión y el diálogo interreligioso, depende el futuro de la humanidad (ver la noticia en El País).
Esta es la segunda misiva que recibe el Papa de manos de diferentes autoridades religiosas del Islam. La primera le llegó otro doce de octubre, pero de 2006, firmada por treinta y ocho (¡38!) expertos islamistas de todo el mundo. Esta primera carta fue la respuesta colectiva a una cita incluida por Benedicto XVI en una conferencia dictada el 12 de septiembre de 2006 en la Universidad de Ratisbona. Ese día, el Papa hizo referencia a un antiguo "diálogo" medieval (1391), entre el emperador bizantino Manuel II paleólogo y un erudito persa, en el que se discutía sobre la relación entre la razón y fe, la posibilidad de la conversión forzosa, o lo apropiado o no de la "guerra santa". Como se recordará, las palabras del Papa desataron el inmediato malestar de la comunidad musulmana mundial, de ahí que la misiva de los teólogos musulmanes tenga un carácter claramente corrector (ver resumen de la cuestión en Wikipedia). Pero no ha sido este el último episodio reciente de "desencuentro" entre los líderes de las comunidades religiosas. Las comunidades evangélica y judía se quejaban en julio de los intentos de monopolización del diálogo religioso por parte del Vaticano. ¿Qué es lo que ocurre?
Que los seres humanos se enfrenten por sus creencias religiosas no es ninguna novedad histórica (qué les voy a contar a estas alturas que ustedes no sepan). Lo triste del caso es que aún tenga que repetirse que del diálogo interreligioso puede depender la paz entre los pueblos. ¿Tan poco hemos aprendido? Sinceramente: ¿hacen falta 138 sabios para decir eso? ¿Hace falta estar revestido de la Santidad de un cargo como el de Sumo Pontífice de la Iglesia de Roma para que un axioma como ese merezca ser tenido en cuenta y aceptado?
Si algo me ha enseñado la Masonería es que en el respeto profundo, absoluto, a los demás está la base de la verdadera tolerancia y de la construcción de un mundo fraterno. Ese respeto debe ejercerse sobre todas y cada una de las circunstancias del otro (su persona -incluida su propia vida-, su dignidad, sus ideas y creencias, sus opciones y modos de vivir..., etc.); de lo contrario no es real. El verdadero respeto impone el conocimiento exhaustivo del prójimo, así como la defensa de su derecho a ser, pensar y actuar de manera diferente, de acuerdo con los más altos valores morales a los que aspira el ser humano, y que en esencia pueden encontrarse contenidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en los textos de ella derivados, así como en la mayoría de los escritos básicos de las principales religiones del planeta. Tolerar no es "soportar", es comprender, respetar, aceptar aunque no se comparta y defender. Sin eso no es posible el verdadero diálogo (mucho menos el diálogo interreligioso); no es viable el ecumenismo entre las Iglesias cristianas; no es esperable el entendimiento entre la Iglesia Católica y la Masonería... Y es que con demasiada frecuencia, las Iglesias (la Católica entre ellas), como depósitarias de "la única verdad", entienden el diálogo como la dialéctica cuyo objetivo básico es convencer y convertir al contrario, y no un como intercambio de ideas del que se puede aprender. Así nos ha ido.
Está bien que el Papa condene que las matanzas en Iraq, el terrorismo y otras formas de violencia se hagan en nombre de la religión. Está bien que se visiten los campos de exterminio y se condene la barbarie genocida... Pero estaría mejor que, además, no se censurase a los teólogos progresistas (como Jon Sobrino, Hans Küng, Leonardo Boff o Uta Ranke, por citar solo cuatro del centenar de los que fueron "callados" durante el pontificado de Juan Pablo II y lo que va de este), que no se canonizase únicamente a una parte de las víctimas de la Guerra Civil Española, o que no se intentase imponer a la generalidad determinados puntos de vista sobre cuestiones como el matrimonio, la familia o la Educación a golpe de pancarta y de mitin de púlpito, ¿no creen?

lunes, 16 de julio de 2007

MATANDO EN NOMBRE DE DIOS

Desde hace un tiempo vengo dándole vueltas al problema de la defensa del derecho a la vida. Hay casos sangrantes de violación masiva de ese pincipio esencial que, sin embargo, el mundo observa desde los noticiarios entre el horror y la indiferencia; los ejemplos podrían ser Darfur, la franja de Gaza, Líbano, Irak, Pakistán, Sierra Leona, y un largo etcétera de "puntos calientes" del planeta, a los que nuestros gobiernos y las instituciones supranacionales son incapaces de dar solución.

No me voy a referir aquí a esos casos, sino a otros más sutiles, más crueles, más siniestros y preocupantes porque se inscriben en el marco legal de los países en los que tienen lugar: las penas de muerte sentenciadas por tribunales legalmente constituidos. Para cualquier persona dotada de unos mínimos valores y, por supuesto, para cualquier masón o masona, la idea del asesinato legal, sea cual sea el delito que lo promueva, nos parece absolutamente repugnante y rechazable sin paliativos. Ese es un principio defendido por todos los estados que constituyen la Unión Europea y, desde nuestra visión eurocéntrica (y sin pretender ninguna supremacía moral que no tendría mayor apoyatura argumental), los casos de Estados Unidos o China nos parecen, simple y llanamente, un ejemplo de barbarie.

Pero hay casos que me parecen mucho más sangrantes: los de las ejecuciones dictadas sobre la base de la ley religiosa. ¿Qué credo puede permitir segar la vida humana sin que con ello se lesionen los principios más básicos que lo fundamentan? ¿En nombre de qué concepto de la divinidad, del Uno, del Principio Creador puede atacarse la Vida? ¿Qué modelo de sociedad se pretende cuando un grupo humano pervierte los valores comunes hasta ese extremo?

Hoy, el cristianismo se ha relajado bastante en este punto: la Iglesia Católica ya no quema herejes (aunque lo que se hace desde sus medios de comunicación se acerque bastante...); las iglesias cristianas no marcan a fuego a los pecadores, ni envían a sus miembros a convertir paganos a golpe de espada y crucifijo (son más sutiles y, aplicando técnicas de márketing, desde hace tiempo lo llaman "misionar"). El budismo y el hinduismo no parecen ser hoy, como religiones, especialmente violentas. El judaísmo, como credo, tampoco emplea las mutilaciones o la ejecución por delitos comunes o por atentar contra los principios religiosos (caso aparte es lo que hace el Estado de Israel con los palestinos, que es algo que no cabe ahora aquí). Entonces, te preguntarás a qué me refiero, qué es lo que me preocupa. Me refiero a las lapidaciones realizadas en nombre del Islam.

Esta realidad asaltó masivamente nuestros hogares en 2002, cuando Amnistía Internacional denunció la decisión de un tribunal islámico de Katsina, en el norte de Nigeria, de condenar a muerte por lapidación a una mujer, Amina Lawal. Su delito: el adulterio. Esta particular interpretación de la Sharía islámica se repitió en otros casos, como los de Fátima Usman, Ahmadu Ibrahim y Yamusa Rafin. Sólo la presión internacional de diferentes gobiernos y organismos, unida a las miles de firmas de ciudadanos anónimos de todo el mundo, lograron impedir estos asesinatos, pretendidos en nombre de una norma religiosa del siglo VII. La Declaración Universal de los Derechos Humanos defiende, nuestro derecho a la vida, a la integridad física, al respeto de nuestra privacidad y a crear o romper vínculos matrimoniales; de ahí que el Comité de Derechos Humanos haya afirmado que: "es indiscutible que las actividades sexuales en privado están cubiertas por el concepto de "privacidad". Acusar y detener a mujeres por mantener relaciones sexuales viola su derecho a la libertad de expresión y de asociación y es discriminatorio porque no respeta su derecho a la privacidad". Eso nos da paso a hacernos dos preguntas más: ¿por qué este tipo de normas se aplican preferentemente a las mujeres? Y, segunda, ¿recuerda alguien el episodio de la adúltera relatado en los Evangelios? De su lectura atenta, objetiva y desapasionada se obtienen todas las claves para enfocar casos como estos, se profese la religión que se quiera. Los casos de Nigeria fueron los primeros, los más llamativos. Quizás porque era en Nigeria. Y digo esto porque la Sharía, así como el resto de la Ley Coránica, se aplica sistemáticamente en Arabia Saudí, donde se mutila y ejecuta cotidianamente sin que los gobiernos de la tierra se lleven las manos a la cabeza, no sea que la producción petrolífera y el comercio internacional vayan a verse afectados por una mano aquí, o una adúltera allá en un pueblo perdido de la Península Arábiga.
Tras la desaparición del régimen talibán en Afganistán, estos casos vuelven ahora a la palestra, pero esta vez en Irán. Los diarios occidentales destacan lo que entienden como un progresivo recorte de las libertades en ese país, que afecta tanto a hombres como a mujeres, y que supone que el Estado, desde presupuestos religiosos tenidos como normas legales de obligado cumplimiento para la totalidad de sus ciudadanos, puede inmiscuirse en su vida privada y entrar a valorar la forma en que éstos entablan sus relaciones sociales, poniendo como pago por las mismas la propia vida. No creo que el Islam sea perverso; al menos no más que el resto de las religiones organizadas. Pienso, sin embargo, que el fanatismo y la intolerancia son los males que subyacen tras este tipo de prácticas. En este caso es el integrismo religioso el que lleva a hacer una interpretación restrictiva y cruel de la norma, que el islam progresista (que existe y ha dado ejemplos de convivencia y tolerancia durante siglos) no concibe. En cualquier caso, estimo que se trata de una interpretación y de una práctica aborrecibles. No menos aborrecible que cualquier otra que, realizada desde presupuestos no ya religiosos, sino políticos o de cualquier otro tipo, igualmente fanánitos e intolerantes, atenten contra la dignidad, la integridad, la propiedad, la libertad y la vida de los seres humanos.

lunes, 25 de junio de 2007

CUANDO LA POLÍTICA NO ES EL OFICIO DE BUSCAR EL BIEN DE TODOS

Hoy, revisando diferentes medios de comunicación, me encuentro con un magnífico artículo que dice todo tan claro, que yo no puedo añadirle nada y me permito el lujo de reproducirlo tal cual. Merece la pena disfrutarlo (pueden seguir el link hasta el original pulsando sobre el título más abajo):

Derechos Humanos: Próximas Rebajas

Por Armando Quintana Navarro
archipielagonoticias.com
Como las rebajas del verano en los centros comerciales así anuncian también otras en materia de derechos humanos y libertades fundamentales. La verdad que uno lee a veces cosas en la prensa que le parecen más bien cuestiones de ciencia ficción. Algo incrédulo me he quedado cuando he leído estos días que los dos partidos que pretenden gobernar en Canarias los próximos cuatro años se han puesto de acuerdo para reducir el derecho a la educación, eliminar el derecho a la salud, constreñir algo más el derecho a la libertad, privarles de la intimidad en cuanto a sus datos personales se refiere y no sé cuántas cosas mas. También hablan de que los menores de edad, si no son de Canarias, dejarán de ser menores y se tratará como a los mayores, o sea que eso de los Derechos del Niño es algo que pasó a la historia.

Todas estas rebajas son referidas, no podía ser de otra manera, al colectivo de inmigrantes que no tengan regularizada su situación. Solo un papel es el que les podrá dar acceso a ser curados en un hospital, a recibir educación en un colegio público o a tener derecho a su intimidad personal. Lo he comentado alguna vez y lo repito nuevamente: Confunden luchar contra las causas de la inmigración con luchar contra los inmigrantes. Luchan contra éstos como si fueran nuestros enemigos. Es algo así como luchar contra los pobres, en lugar de combatir la pobreza.

Yo había pensado que en este país, todos estábamos orgullosos de aquella adquisición histórica que fue la Revolución Francesa, y de los principios que la hicieron posible y que se tradujeron en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Sí, me refiero a aquellos tres de libertad, igualdad y fraternidad que subyacen en dicha declaración y en aquellas hazañas. Pero parece que no. Que habrá que hacer otra. Que nos retrotraemos al pasado.

“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros” dice el art 1 de dicha Declaración, ratificada por España y consiguientemente también por Canarias. ¿No conocen los grupos políticos en cuestión estos artículos?. Por si hay alguna duda a la hora de entender esta premisa, el artículo 2 dice:” Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.” Sin distinción alguna de cualquier otra condición, lo cual incluye tener o no papeles del país receptor.

Entiendo que el fenómeno migratorio hay que regularlo, pero me gustaría escuchar de los líderes que gobiernan mi país que cualquier medida a tomar siempre se hará en el contexto de los Derechos Humanos y de las Convenciones Internacionales que los aplican. Creo que no es mucho pedir. Lo contrario es seguirse mirando al ombligo, no poner los acentos donde se deben poner, y hacer rebajas en la dignidad de los seres humanos. Entiéndase como se entienda lo que han dicho, son rebajas en los derechos humanos. Y hemos avanzado mucho como para retroceder. Hay muchos que no podemos asistir indiferentes a este tipo de noticias que confunden y crean actitudes discriminatorias.

Menos mal que estas cosas hoy por hoy no dependen de una comunidad autónoma, sino de un parlamento estatal. Y espero que allí haya gente, de todas las comunidades, que siga pensando que otro mundo es posible. Hagan los pactos que crean convenientes, pero, por favor, no nos quiten las utopías. Y escuchen también a la sociedad civil organizada que piensa y actúa de forma diferente.

martes, 19 de junio de 2007

NOS ESTAMOS ACOSTUMBRANDO

Quizás esta entrada pueda parecer a algunos diferente de las anteriores, o que tiene que ver poco con la Masonería. No estoy de acuerdo. Como masón puedo repetir el verso de Terencio: Soy humano, nada de lo humano me es ajeno.
Hace unos años, palabras como "cayuco" o "patera" no nos decían absolutamente nada. Personalmente conocía los cayucos por un artículo de Elías Serra Ràfols sobre las navegaciones en la costa africana, pero poco más. Hoy las tenemos a diario, en todas partes, las hemos aprendido, pero no las hemos asimilado: ni a ellas ni al trágico fenómeno que representan. Por desgracia para nosotros, y para quienes vienen hacinados en esas cáscaras de nuez jugándose la vida, estas palabras se han convertido en sinónimo de muerte, esperanza y desesperación. Nos estamos acostumbrando, con demasiada facilidad, con demasiada normalidad, con demasiada indiferencia, a que nuestros hermanos (sí, nuestros Hermanos) que viven en la orilla de la miseria se jueguen la vida por venir tras un sueño, mueran en el intento o se topen con la cruda realidad del rechazo y la repatriación. El fenómeno es demasiado complejo, tiene demasiadas causas, consecuencias y ramificaciones como para tratarlo en una simple entrada de este Blog. Y no soy yo el más adecuado para hacerlo. Por eso sólo voy a proponer dos cosas para favorecer la reflexión:
La primera es recomendar la lectura de un magnífico artículo que encontré en una página realmente interesante y digna de ser tenida entre nuestros sitios favoritos: "Los refugiados existir, existen", en el Blog Compartiendo opiniones:
La segunda es transcribir un poema de Neruda, y que cada cual le saque el jugo que quiera:
EL MONTE Y EL RÍO

En mi patria hay un monte.
En mi patria hay un río.
Ven conmigo.

La noche al monte sube.
El hambre baja al río.
Ven conmigo.

¿Quiénes son los que sufren?
No sé, pero son míos.
Ven conmigo.

No sé, pero me llaman
y me dicen "sufrimos"
Ven conmigo.
Y me dicen: "tu pueblo,
tu pueblo desdichado,
entre el monte y el río,
con hambre y con dolores,
no quiere luchar solo,
te está esperando, amigo".

Oh tú, la que yo amo,
pequeña, grano rojo
de trigo,
será dura la lucha,
la vida será dura,
pero vendrás conmigo.
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Como obrero de la Resp:. Logia Andamana nº 3, de la Gran Logia de Canarias doy una bienvenida especial a todos los HH:. que visitan este diario, sea cual sea su Obediencia, su Logia o su Rito: reciban un fuerte T:.A:.F:. Sé bienvenido igualmente tú, profano que te acercas al ámbito de la Masonería: mis respetos para tí y mis deseos de que tu visita a este Blog te depare algo positivo.